Por qué el mar
Hay lugares que forman parte de nosotros mucho antes de que sepamos explicar por qué. Para mí, uno de esos lugares siempre ha sido el mar.
Crecí en Menorca y tengo recuerdos muy intensos de aquellos veranos. Cada año venían mis primos y parte de mi familia desde Barcelona. Recuerdo perfectamente la alegría cuando empezaba el verano y llegaban todos. La casa, los planes, las comidas, el mar, estar juntos…
Y recuerdo también lo contrario.
Cuando terminaba el verano y se marchaban, sentía una tristeza enorme. De esas emociones de la infancia que quizá entonces no sabes nombrar, pero que recuerdas perfectamente muchos años después.
Durante el año éramos nosotros quienes viajábamos a Barcelona para ver a la familia. Así que, de alguna manera, desde pequeña el mar estuvo relacionado para mí con irse, volver, encontrarse y despedirse.
Y creo que algo de todo aquello sigue conmigo.
Mi padre, una Rio 500 Fish y el pescado de aquel día
Mi padre tenía una Rio 500 Fish y salíamos a pescar.
No había ninguna gran filosofía detrás. Era simplemente nuestra vida.
Salir en la barca, pasar horas en el mar, pescar y regresar a casa. Después mi madre limpiaba el pescado y nos lo comíamos.
Ahora lo recuerdo y me doy cuenta de que muchas de las cosas que hoy relaciono con el mar ya estaban allí: el tiempo compartido, la espera, la conversación, el silencio, hacer algo juntos y después sentarnos alrededor de una mesa.
Por eso cuando hablo del mar no estoy intentando buscar un escenario bonito para mi trabajo.
El mar estaba mucho antes que mi trabajo.
De Menorca a Barcelona. Y después, de vuelta
Cuando vine a vivir a Barcelona con 13 años, el cambio fue enorme.
Dejaba Menorca, mi vida allí y una parte de lo que para mí significaba casa.
Pero Menorca nunca desapareció.
A los 24 años hice el camino contrario: me fui yo sola a vivir de nuevo a Menorca.
Más adelante la vida volvió a llevarme a Barcelona y, cuando fui madre, tuve bastante claro que quería vivir cerca del mar. Finalmente elegimos la costa tarraconense.
No es Menorca —eso es difícil de competir—, pero tampoco se vive nada mal. 😉
Y sigo teniendo el mar cerca.
Después llegó el remo
Hubo otra etapa en la que el mar volvió a aparecer de una manera diferente.
Empecé a remar en llaüt català.
Quería hacer deporte, pero no quería encerrarme en un gimnasio. Buscaba algo que me hiciera moverme y que, además, tuviera otras cosas que para mí son importantes.
Y encontré exactamente eso: deporte, equipo, comunidad y mar.
Remar tiene algo muy particular. Puedes ser muy fuerte individualmente, pero si cada uno va a su ritmo, aquello no funciona.
Hay que escuchar, coordinarse y remar juntos.
Y eso también me encantaba.
Y ahora mis hijas
Con los años me hace gracia comprobar que esa relación con el agua también ha llegado a ellas.
Una de mis hijas compite en natación y la otra en natación artística.
No fue algo que yo planificara.
Simplemente ocurrió.
Y cuando miro nuestra historia familiar pienso que, de una manera u otra, siempre terminamos cerca del agua.
Cada año vuelvo a Menorca
Menorca sigue siendo casa y vuelvo cada año.
Y hay algo que continúa haciéndome muchísima ilusión: ir en barco.
Podría ser simplemente la manera de llegar, pero para mí forma parte del viaje.
No es un crucero. No necesito que lo sea.
Es pasar prácticamente un día entero en el mar con mi familia. Preparar las cosas, embarcar, salir, ver cómo se aleja la costa, compartir el trayecto, comer algo, hablar, pasear por el barco, mirar el horizonte…
Sigue teniendo algo mágico.
Quizá porque durante unas horas no estás exactamente ni en el lugar del que sales ni en aquel al que vas.
Estás en medio.
Y a mí ese espacio me encanta.
Entonces, ¿de dónde nace MAR ADENTRO?
De algo bastante menos elaborado de lo que podría parecer.
De una necesidad mía.
Quería juntar a personas que aman el mar y que, al mismo tiempo, tienen interés por su propio crecimiento personal.
Personas a las que les guste compartir, conversar, conocerse, cuestionarse cosas y seguir trabajando sobre sí mismas.
Y pensé: ¿por qué separar esos dos mundos?
En realidad, ya había hecho algo parecido cuando elegí el remo en lugar de un gimnasio.
No quería escoger entre hacer deporte y estar en el mar.
Quería las dos cosas.
MAR ADENTRO nace un poco de esa misma forma de entender la vida.
El mar no hace el trabajo
Hay algo que quiero dejar muy claro porque para mí es importante.
No creo que el mar tenga poderes mágicos.
No creo que mirar el horizonte vaya a resolver nuestros patrones.
Y tampoco creo que alejarnos unos días de nuestra vida haga desaparecer aquello que nos cuesta.
El trabajo lo hacemos nosotros.
Pero el escenario importa.
Salir de nuestros horarios habituales, convivir con otras personas, tener tiempo, cambiar de ritmo, conversar sin las prisas de siempre y encontrarnos durante un tiempo fuera de nuestro contexto puede permitirnos observar cosas que dentro de la rutina pasan desapercibidas.
Por eso hay una frase que resume MAR ADENTRO mejor que ninguna otra:
El mar no es el objetivo. Es el escenario.
Y, sobre todo, compartir
Quizá esta sea la parte que más conecta MAR ADENTRO con mis propios recuerdos.
Cuando pienso en aquellos veranos de mi infancia, no recuerdo únicamente Menorca.
Recuerdo a la gente.
Mis primos llegando.
La alegría de saber que teníamos todo el verano por delante.
Mi padre y su barca.
Mi madre preparando el pescado.
Las comidas.
Las despedidas.
Los viajes para volver a vernos.
Y ahora, muchos años después, sigo disfrutando enormemente de algo tan sencillo como pasar un día navegando con mi familia.
Por eso MAR ADENTRO tampoco nace para estar sola mirando el horizonte.
Nace para compartir el camino con otras personas.
Trabajar, sí. Pero también conversar, reír, comer juntos, descansar, conocer lugares, tener nuestros momentos de silencio y disfrutar.
Porque el crecimiento personal no tiene por qué ocurrir siempre entre cuatro paredes.
Irse para después volver
Quizá al final todo tenga que ver con eso.
Con salir.
Con tomar cierta distancia.
Con compartir el camino.
Y con volver.
Porque MAR ADENTRO no pretende alejarnos de nuestra vida. Pretende que podamos regresar a ella habiendo observado algunas cosas desde otro lugar.
Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que el mar ha acompañado muchas etapas de mi historia: mi infancia, mi familia, mis despedidas, mis regresos, el deporte, la maternidad y esa sensación de volver a casa cada vez que regreso a Menorca.
MAR ADENTRO llegó mucho después.
El mar ya estaba.
El mar no es el objetivo. Es el escenario. Y quizá lo más importante sea con quién compartimos el viaje.
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Si tú también tienes una relación especial con el mar y buscas algo más que una experiencia puntual, puedes conocer cómo funciona MAR ADENTRO y, si sientes que puede encajar contigo, solicitar una llamada conmigo.
Asociación Caballito de Mar